Sueños cumplidos.

Por: Dr. Alfredo Ponce

El éxito se trabaja

Muy lejos de los territorios estériles y de los campos quirúrgicos; siempre aferrado a conseguir los sueños, demostrando que no hay nada que no se pueda cumplir…

El ambiente es paradisiaco, una construcción espectacular por su arquitectura y por el paisaje que ofrece desde sus alturas, adornan la escena.

Abajo, quedan los campos donde la vid, impaciente, espera a ser paladeada en forma de vino; ese ‘caldo’ milenario que ha estado siempre ligado a la historia de la humanidad.

Roberto Lafarga, egresado en 1983 del Centro Médico la Raza, está ahora avecinado en Ensenada. Hijo de padre sinaloense y de madre jalisciense, a Roberto lo conocí hace 14 años -en una de esas maravillosas oportunidades que nos da la vida, especialmente aquellas que son los congresos a los que asistimos-, en territorio americano; estábamos Manuel Núñez Virgen, Carol Toledo y un servidor con Roberto.

La recomendación de Manuel fue tácita. En el momento en el que el mesero se acercaba, dijo: “que la botella la pida Roberto, el sí sabe de vinos”. A lo cual, Roberto de manera sencilla, respondió diciendo que no conocía tanto, mientras que Carol replicaba “no seas humilde, platícales que tienes un viñedo”.

-“Bueno, no es que tenga un viñedo; estoy trabajando porque algún día me gustaría tener uno”. Contestó el interpelado.

COINCIDIR

14 años después, estoy arriba de un autobús que nos lleva a un viñedo. Una actividad tradicional para culminar el maravilloso evento académico que cada año realizan nuestros amigos de Tijuana. En verdad dudé si debía ir, no tengo la cultura del vino de mesa y en otras ocasiones, no me ha divertido mucho; pero finalmente, el impulso me llevó a sentarme en ese asiento.

Después de casi dos horas llegamos a un lugar diferente, imponente en sus espacios, un lugar que me deparaba una gran sorpresa.

Repentinamente, una mano toca mi hombro y me dice: ¿te acuerdas de mi? Era Roberto, el amigo del sueño de tener un viñedo, el que decía ser apasionado de la vid y sus procesos.

LA HISTORIA

Ya entrados en una apasionante charla que compartimos con personalidades como los Maestros Fuente del Campo y Manuel García Velasco; Roberto nos lleva por una historia impresionante de esfuerzos, de trabajo familiar, de equipo, de sueños trabajados.

-“Estamos en el noreste del valle de Guadalupe, en un meso clima muy especial y diferente, tenemos 100 hectáreas, pero plantadas de vid solo 14. Se cultivan uvas tintas por el clima mediterráneo; nos hace falta frío para variedades blancas, podemos tener mejores uvas que Burdeos y que muchas partes del mundo”, nos cuenta orgulloso.

-“Esto es una aventura familiar donde el sueño es que un día, la familia continúe. Producir vino es asunto de generaciones y sólo se puede hacer cuando se involucra la pasión en lo que hacemos”.

Continúa comentándonos con una pasión que sale por sus ojos y se convierte en palabras: “Estas tierras son privilegiadas para el cultivo de la vid, aquí tenemos apenas desde 1888 trabajando, y en México, el territorio más antiguo que se dedica a esto es Parras, Coahuila y (este) tiene apenas 200 años (cultivándola), mientras que hay regiones como Burdeos que tienen 600 años produciendo vino de mesa”.

Por su parte, este territorio lo adquirieron apenas en el ‘97 con la idea de empezar a hacer vino. Cuando lo compraron, el metro estaba a un dólar y ahora puede llegar hasta 40; lo cual habla, de la importancia de los proyectos en estas tierras.

“Aquí estamos aprendiendo todavía y por eso no hay denominación de origen. Puedes experimentar con cualquier uva y ver cómo reacciona con el suelo, con el agua y qué producto se obtiene”

Afortunadamente, nos cuenta que las asociaciones de vitivinicultores sí funcionan como apoyo entre ellos para producir más y mejor. -“Aquí no verás jugadores de basquetbol que sacan los codos para ver a quién golpean, aquí los codazos no se valen, aquí se juega en equipo”.

Continúa diciéndonos: “Disfruto mucho mi profesión, el bisturí, los resultados, mientras que en la actividad vitivinicultora me gusta estar en todos los procesos, desde subirme al tractor… el sueño quiere complementarse en el futuro con algún hotel, quizás con un restaurant, pero la prioridad no es lo comercial o el negocio, lo que mueve esto es mi gusto por el vino”.

MENSAJE FINAL

Le pedimos un mensaje para los Cirujanos Plásticos de México, a quienes les dice: “Busquen una actividad que realmente disfruten, infórmense, capacítense financieramente, háganlo con estructura, con estrategia. En nuestro caso hemos disfrutado mucho estos 18 años. Esto no se hizo para acrecentar las cuentas bancarias, sino como un gusto personal”.

Continúa diciendo: “Al Cirujano Plástico le beneficiaría mucho hacer actividades que disfruten, que no le perjudiquen su actividad y disfrutar la vida, no acumulando dinero, sino que socialmente, estemos haciendo algo. Actualmente, nosotros le damos trabajo a seis familias y esto es una función social de apoyo a nuestra tierra, a nuestros mexicanos. Esto es lo que verdaderamente nos llena de satisfacción”.

Así culmina una jornada cuanto maravillosa como inesperada, una jornada de re encuentro con un muchacho que de los 6 a los 12 años, vivió en un rancho por deseos de su padre, con el chamaco que cuando salía de la secundaria en Ensenada, veía los camiones que traían la uva y observando, soñaba que un día él produciría vino.

Así se generó un sueño que se construyó con trabajo y con mucha pasión, pasión de la que saben tener los Cirujanos Plásticos en su vida.

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