Es tiempo de renovarse o morir, una visión experta sobre la actividad académica

Por: Dr. Alejandro J. Zermeño Guerra.

En esta ocasión, mi colaboración en el boletín la dedicaré a compartirles el discurso que, por motivo del trigésimo aniversario de haber egresado de la prestigiosa Facultad de Medicina de San Luis Potosí, nos dio el Dr. Alejandro Zermeño Guerra (Director de dicha facultad) y el cual es una joya de ensayo que nos muestra el estado actual de la actividad médica. Estoy seguro que lo van a disfrutar.

Dr. Marco A. Kalixto.

 Treinta años de egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. 6 de Septiembre del 2014.

“Con un agradecimiento infinito por haberme permitido acompañarlos en este momento de reflexión, compartiré con ustedes algunos puntos de vista.

A treinta años de ser médicos, ya no hay que preguntarnos si estamos o no satisfechos con nuestro desempeño como médicos, esto no cambiará dicho desempeño.

Hace unos días, vi un video en el que el entrevistado, dijo que sentía una gran satisfacción por saber que su trabajo traía bienestar y satisfacción a los demás, y que desde que encontró la forma de ayudar, ha disfrutado más de su empleo. Saben, él no era médico, era un pepenador que ayudó a jóvenes de condición humilde a obtener desechos que les fueran útiles para hacer instrumentos musicales, logrando tener una orquesta llamada ‘de la basura’.

El común denominador de la satisfacción es servir. Hemos pasado los años más fogosos en dónde queríamos ser los mejores, los que operáramos más rápido, los que tuviéramos el mejor auto, hasta que el tiempo nos madura, y al ver la enfermedad cercana, entiende uno que el bien más preciado es la salud y la paz.

Hemos visto morir compañeros, exitosos o no, amigos o no, pero colegas. Muchos de ustedes ya han tenido la pena de perder a un familiar cercano: padres, hermanos, quizá en algunos casos, esposos, y espero que ninguno la pena mayor de perder un hijo. Estas situaciones nos hacen cambiar los paradigmas de éxito.

Son exitosos sin duda. Por eso están aquí.

Cito entre comillas: “Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado, ni esperanza ninguna para el porvenir”.

Y estoy seguro que todos percibimos esto ¿verdad?, por eso estamos de acuerdo con Hipócrates quien dijo esta frase 460 años antes de cristo.

En las pláticas sociales o en los eventos institucionales, la gente te comenta: ya los jóvenes no son lo de antes, ya no tienen ética, compromiso, responsabilidad, etc; un sinfín de quejas, de cómo tiempos pasados eran mejores.

Ahora yo digo: los papás de esos jóvenes ¿son tan buenos padres como fueron los padres de ellos? Porque solamente para recordar que los papás de los jóvenes de hoy somos nosotros, si esos jóvenes no tienen ética, ni responsabilidad, ni compromiso, es porque no se los supimos transmitir nosotros.

Pero lo más grave es que nosotros sí lo recibimos de nuestros padres, y es como una herencia que va pasando de generación en generación, y cuando nos tocó administrarla, la malgastamos, la acabamos, terminando con una tradición, con una fortuna de familia.

Aquí viene el refrán oriental que dice que ‘para hacer un jarrón es necesaria paciencia y sabiduría, para romperlo, sólo basta con ser bruto’.

¿Qué estamos haciendo en nuestras vidas? Si estas están alrededor de buscar el bien, de buscar la superación, del servicio a los demás. Si es así, como estoy seguro de que lo es en la vida de la mayoría de ustedes; no se preocupen, ya han sido y seguirán siendo recompensados con respeto, trabajo, dignidad a su persona y a su familia, así como con un reconocimiento de honestidad.

Esto trae la admiración de su familia, amigos y pacientes. Digo pacientes porque de los parientes no se espera nada.

Aquí les contaré que hace años, el Dr. Jesús Noyola, en ese entonces Rector de la Universidad, recibió a su hijo recién desempacado de Europa y Estados Unidos, en donde se había preparado como médico, y le dio un consejo muy útil, le dijo: “mira hijo, si ves en la consulta a las muchachas de las casas de mala nota, tendrás dinero pero no prestigio. Si ves a los pobres del asilo de San Francisco tendrás prestigio pero no dinero. Pero si ves a la familia, ni prestigio ni dinero”.

Hoy hay que luchar porque la ética, la responsabilidad, no se vean afectadas por el comportamiento científico-médico.

Que nos obliga ahora a realizar estudios extras, sólo para demostrar que lo que pensamos que ese paciente no tenía nada, es sustentable.

Obligados por las numerosas normativas y leyes de responsabilidad, esto encarece a la medicina y terminamos atendiendo órdenes de una compañía de seguros que considera que lo que un médico ha diagnosticado y considerado prudente realizar para bien del paciente, no está plenamente justificado y se niega a autorizar un tratamiento.

Un yuppie de traje en un escritorio considera que tu diagnóstico no está bien sustentado y que además, estás cobrando mucho, y niega que el paciente pueda acceder a ti para su tratamiento.

Pero ese mismo yuppie que considera que los honorarios médicos son excesivos, a la hora de la responsabilidad profesional tuya, al que le dijeron que no era necesario hacer más estudios o que era muy caro, te abandona a tu suerte.

¿Hasta cuándo veremos esto? hasta que los médicos seamos hermanos de los médicos, hasta que nos unamos y defendamos nuestra profesión.

Eso sólo lo lograremos cuando ustedes los profesionistas en plenitud, sean los líderes de la comunidad médica, que sepan transmitir a las demás generaciones que tenemos que trabajar unidos y nos olvidemos de ser el primer enemigo del médico.

Esto está pasando a los médicos de ayer y de hoy, pero es aún más dura esta verdad para los médicos del mañana.

Una gran y compleja asociación de circunstancias han favorecido que la profesión se vea ofendida, presionada, amenazada.

El médico está designado a vivir con dignidad, pero siempre más cerca de la humildad que de la opulencia. Hay excepciones como en todo; lo que no podemos perder por ninguna circunstancia es la ética.

En ocasiones, la falta de conocimiento es confundida con falta de ética, pero dicha ignorancia, aunque es muy grave, es más fácil de resarcir.

Hay un compromiso moral de todos nosotros, es muy pesado y la verdad es muy fácil sacarle la vuelta.

Es el comprometerse a ser líderes. Tenemos ejemplos de ello en la comunidad científica, en la sociedad y en la política.

Todos sabemos que las cosas no se están haciendo bien, o al menos que se pueden hacer mejor en todo, en la política, en la educación, en la familia.

El compromiso moral es que lo tratemos de hacer mejor nosotros, no otros. Es muy fácil criticar al Jefe del Departamento, al Director del Hospital, al colega que operó antes al paciente que ahora vemos, al compadre, al político, al vecino; pero solamente el que está viviendo la toma de decisión sabe a qué se enfrenta.

Así que les recomiendo que cuando tengan oportunidad de formar parte de una toma de decisión, sean responsables y la tomen con compromiso. Verán que no es fácil, pero los grandes líderes que ha formado esta Universidad fueron como ustedes. Primero profesionistas de bien, exitosos, responsables y encontraron el espacio de oportunidad para servir a la sociedad en algo; algunos en la medicina, otros en la política, otros más en aspectos empresariales o sociales. Por ejemplo, en un empresario el generar empleo es su compromiso social; si efectivamente ganara mucho dinero, espero que mucho y eso le permita generar muchos empleos y una mejoría social en su entorno.

Esto, el que se hagan líderes, no los exenta de errores, pero si da la satisfacción de tratar de hacer lo que nos corresponde en el momento en que se presenta la oportunidad.

Los muchos años que estoy seguro, les quedan por delante de vida y de actividad profesional, espero sean mucho mejores que los que ya han pasado; que sean más productivos en satisfacciones de todo tipo, sociales, morales, económicas, pero sobre todo, que les traigan mucha sabiduría para obtener lo mejor de la vida, ayudando al prójimo como prioridad. Prioridad que genera un sinnúmero de beneficios al otorgante de la ayuda.

Muchas felicidades por sus treinta años, muchas gracias por permitirme estar con ustedes el día de hoy.

Y espero disfruten su reunión, salpicada de recuerdos de los años pasados, de los compañeros y maestros ahora ausentes y fraternicen como hermanos de profesión que somos.

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